La Difusión




Jesús exhorta sin cesar a Santa Faustina que hable de Su misericordia, que proclame Su misericordia al mundo entero (Diario, 164, 177, 206, 294, 570, 699, 965, 1074, 1142, 1146, 1160, 1182, 1190, 1295, 1374, 1396, 1448,1452, 1516,1519,1521, 5401567, 1666, 1688, ) Esto parece algo natural toda vez que Él mismo la ha nombrado Apóstol y Secretaria de Su Misericordia. Sin embargo, en esta insistencia de Jesús está la urgencia y necesidad de hacerlo: las almas se pierden porque no conocen Su misericordia, porque no acuden a ella confiados. De esta manera, se hace perentoria la difusión de Su Divina misericordia. Ya no sólo por parte de Santa Faustina, sino que nos urge a todos los que conocemos Su misericordia, a hablar de Ella, a difundirla, a propagarla.

Invita taxativamente a los sacerdotes a hacerlo:

Deseo que los sacerdotes proclamen esta gran misericordia que tengo a las almas pecadoras. Que el pecador no tenga miedo de acercarse a Mí. Me queman las llamas de la misericordia, deseo derramarlas sobre las almas humanas. [...] (Diario, 50)

El Señor me dijo: Hija Mía, no dejes de proclamar Mi misericordia para aliviar Mi Corazón, que arde del fuego de compasión por los pecadores. Diles a Mis sacerdotes que los pecadores más empedernidos se ablandarán bajo sus palabras cuando ellos hablen de Mi misericordia insondable, de la compasión que tengo por ellos en Mi Corazón. A los sacerdotes que proclamen y alaben Mi misericordia, les daré una fuerza prodigiosa y ungiré sus palabras y sacudiré los corazones a los cuales hablen. (Diario, 1521)

Pero no sólo invita a los sacerdotes a difundir Su misericordia, sino a todos, como ya se indicó:

A las almas que propagan la devoción a Mi misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa [protege] a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas Juez sino Salvador misericordioso. En esta última hora el alma no tiene nada en su defensa fuera de Mi misericordia. Feliz el alma que durante la vida se ha sumergido en la Fuente de la Misericordia, porque no la alcanzará la justicia. (Diario, 1075)

Hoy el Señor me dijo: Escribe, hija Mía, estas palabras: Todas las almas que adoren Mi misericordia y propaguen la devoción invitando a otras almas a confiar en Mi misericordia no experimentarán terror en la hora de la muerte. Mi misericordia las protegerá en ese último combate... (Diario, 1540)

Es importante notar que de las almas que se dedican a propagar Su misericordia, el Señor espera que ellas mismas adoren, glorifiquen y alaben Su misericordia. Y es natural, ¿cómo habrían de propagar convincentemente Su misericordia si ellos mismos no acuden a ella?¿Cómo hablar de ella sin conocerla, sin haberla experimentado? ¿Cómo no adorarla y alabarla una vez que se ha recibido la misericordia de Dios?

[...] Pero Dios prometió una gran gracia, especialmente a ti y a todos que proclamen esta gran misericordia Mía. Yo los defenderé en la hora de la muerte como Mi gloria aunque los pecados de las almas sean negros como la noche; cuando un pecador se dirige a Mi misericordia, Me rinde la mayor gloria y es un honor para Mi Pasión. Cuando un alma exalta Mi bondad, entonces Satanás tiembla y huye al fondo mismo del infierno. (Diario, 378)

Durante una adoración Jesús me prometió: Con las almas que recurran a Mi misericordia y con las almas que glorifiquen y proclamen Mi gran misericordia a los demás, en la hora de la muerte Me comportaré según Mi infinita misericordia. (Diario, 379)

Promesas

De los textos seleccionados, antes citados, se deduce que Jesús vinculó dos promesas a la Divulgación de la Devoción a la Divina Misericordia. Monseñor Ignacy Różycki, autor del análisis teológico del Diario de Santa Faustina, las resume, a saber:

1. La primera promesa se extiende a toda la vida, y consiste en el amparo paternal de Jesús sobre el que divulgue esta Devoción: A las almas que propagan la devoción a Mi misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa [protege] a su niño recién nacido [...] (Diario 1075)

2. La segunda se refiere a la hora de la muerte: a la hora de la muerte no seré para ellas Juez sino Salvador misericordioso. En esta última hora el alma no tiene nada en su defensa fuera de Mi misericordia. Feliz el alma que durante la vida se ha sumergido en la Fuente de la Misericordia, porque no la alcanzará la justicia. (Diario, 1075). A la hora de la muerte Su misericordia, lo defenderá como Su gloria (Diario, 378) y se comportará con esta alma según Su infinita misericordia (Diario, 379)

Explica Monseñor Różycki que la fórmula de ambas promesas, aunque figurativas, no dejan de ser por ello muy tajantes y permiten comprender, a grandes rasgos, que los que divulgan la Devoción a la Divina Misericordia, pueden esperar de Cristo un amparo extraordinario aún en esta vida, y una misericordia sin medidas, a la hora de la muerte.

Asimismo, aclara que Jesús otorga los mismos beneficios a los sacerdotes que a cualquier otra persona que divulgue o difunda esta Devoción, ya que bajo este aspecto, les hace beneficiarios de las mismas promesas a todos por igual. Lo que si es vale destacar, respecto de la divulgación por parte de los sacerdotes, según Monseñor Różycki, es que Jesús enriqueció la predicación sobre a misericordia de Dios, desempeñada por los sacerdotes, con el don de una excepcional eficacia pastoral: [...] Diles a Mis sacerdotes que los pecadores más empedernidos se ablandarán bajo sus palabras cuando ellos hablen de Mi misericordia insondable, de la compasión que tengo por ellos en Mi Corazón. A los sacerdotes que proclamen y alaben Mi misericordia, les daré una fuerza prodigiosa y ungiré sus palabras y sacudiré los corazones a los cuales hablen. (Diario, 1521)

De aquí se deduce que los sermones tendrán una excepcional eficacia en cuanto a la conversión de los pecadores, ya que ungirá las palabras de los sacerdotes, les dará una fuerza prodigiosa y ablandará y sacudirá los corazones a los cuales hablen. Razón por la que Monseñor Różycki invita a los sacerdotes a la siguiente reflexión y acción: "Puesto que la conversión del hombre, se realiza sobre todo, en el Sacramento de la Penitencia, los sacerdotes deben aprovechar los ejercicios espirituales, los retiros, y la preparación a la confesión, para hablar de la insondable Misericordia de Dios, y así podrán conseguir ese objetivo principal de su actividad pastoral: la conversión de los pecadores. Predicarán con mayor eficacia, si ellos mismos profundizan en lo que es la Misericordia de Dios. Este objetivo no se conseguirá por ningún otro camino, sino por la profunda y humilde meditación-contemplación de la Vida, y sobre todo, de la Pasión de Jesucristo" (La Misericordia de Dios, p29).

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