Intercesión


El carisma fundacional de nuestra Comunidad Fuente de Misericordia es la intercesión. La palabra intercesión viene del latín Intercedere que quiere decir estar entre, ponerse entre. El intercesor está entre el hombre que sufre y Jesús que está sentado a la derecha del Padre intercediendo por nosotros (Heb 7:25) y vivo en la Santa Hostia.

Objetivo de la Intercesión En la Comunidad Fuente de Misericordia intercedemos sin cesar
1. para que las personas se conviertan y no se pierdan.
2. por las situaciones difíciles del hombre en el mundo.
3. de manera especial, por la Iglesia.
4. por la evangelización y las vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales.
5. por los que han perdido la esperanza en la Misericordia.
6. por los agonizantes.

Oramos por las Intenciones de la Casa, las Intenciones del Santo Padre; las intenciones que los peregrinos que nos visitan depositan en la canasta de nuestra Capilla; las intenciones que nos llegan por el teléfono y por correo electrónico (email) y las intenciones especiales. En la Silla de Oración Incesante rezamos continuamente la Coronilla.

Destinatarios de la Intercesión
¿Quiénes se benefician de la intercesión?
1. La Iglesia Militante (todos los seres vivos, todos los cristianos)
2. La Iglesia Triunfante ( los que están en el Cielo)
3. La Iglesia Purgante que la constituyen las almas que se están purificando en el Purgatorio para pasar a su morada celestial.

Lo más hermoso de la intercesión es que los unos oramos por los otros. Así, los miembros de las iglesias Militante y Triunfante oramos juntos por la Iglesia Purgante. Esta última, a su vez, ora por nosotros que somos la Iglesia Militante.

Citas bíblicas:
Lucas 12, 58-59
Mateo 5, 25-26

La Intercesión, la devoción a la Divina Misericordia y la Adoración Perpetua
Santa María Faustina siempre quiso que hubiera una Orden, una Congregación, que se dedicara a impetrar día y noche la Misericordia de Dios para los pecadores y, de una manera particular, para los pecadores agonizantes. También intercedía por las almas del Purgatorio, por los sacerdotes, por las religiosas y por toda la Iglesia.

Como seguidores de la devoción a la Divina Misericordia, nuestra misión frente a Jesús Sacramentado es, justamente, ésta: interceder por los pecadores y por los que han perdido la esperanza en la Misericordia. Interceder también por la perseverancia de los justos.

Nuestro Ministerio consiste en estar a los pies Jesús Sacramentado, Misericordioso, el cual está a la derecha del Padre, intercediendo por nosotros. Como intercesores, estamos entre el hombre necesitado y Jesús, quien permanentemente está pasando al Padre las necesidades de Su Pueblo.

Intercesión por los peregrinos que nos visitan
Cuando algún peregrino que visita nuestra Casa nos pide orar por él, nuestra intercesión consiste en acompañarlo ante Jesús Sacramentado para junto con Él, presentar sus necesidades. No contemplamos dar mensajes, ni comunicar visiones, ni palabras de conocimiento. De tenerlas, el Celador se las reservará. Se trata de una intercesión y una consolación, una acogida amorosa y compasiva del que sufre y que por nuestra fe en la grandeza del Señor, confiamos en que Jesús alcanzará del Padre todo el bien que ese hermano necesita.

“Asimismo yo les digo: si en la tierra dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir alguna cosa, mi Padre Celestial se las concederá. Pues donde están dos o tres reunidos en Mi Nombre, allí estoy Yo, en medio de ellos.” (Mt. 18, 19-20)

En adición a esta promesa de Su palabra, sabemos que el Señor está vivo en el Santísimo Sacramento y sabemos que Él conoce los pensamientos de cada hombre, conoce la necesidad del hermano que le estamos presentando. Por tanto, una oración breve y sencilla es suficiente para acompañar al hermano en su necesidad. En todo momento debemos dejarnos guiar por el Espíritu Santo, pedir que sea Él quien guíe la oración por el peregrino, ya que Él sabe pedir conforme al querer de Dios:

“Somos débiles, pero el Espíritu viene en nuestra ayuda. No sabemos cómo pedir ni qué pedir, pero el Espíritu lo pide por nosotros, sin palabras, como con gemidos. Y aquel que penetra los secretos más íntimos entiende esas aspiraciones del Espíritu, pues el Espíritu quiere conseguir para lo santos lo que es de Dios.” (Rom 8:26-27)

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